Declaración de fe de la Iglesia Apostólica de la Nueva Restauración®, en fidelidad a las Sagradas Escrituras y a la herencia de la Reforma.
En la Iglesia Apostólica de la Nueva Restauración® confesamos nuestra fe en el único Dios verdadero: Padre, Hijo y Espíritu Santo; Creador amoroso de todo cuanto existe, Redentor de la humanidad y fuente inagotable de vida, paz y santidad.
Creemos de corazón que Dios, movido por su infinita gracia, nos llama a reconciliarnos con Él y a restaurar los lazos con nuestros semejantes. Este regalo de perdón y nueva vida encuentra su plenitud únicamente en Jesucristo, nuestro Salvador.
Como comunidad arraigada en la tradición cristiana, reformada y conservadora, anhelamos caminar cada día en fidelidad a las Sagradas Escrituras. Abrazamos con gratitud la herencia apostólica y el testimonio de la Reforma del siglo XVI, haciendo de las Cinco Solas el fundamento de nuestra esperanza, y viviendo esta fe mediante la oración, la reverencia de nuestros cultos, la gracia de los sacramentos y una vocación constante de amor, servicio y comunión fraterna.
Te invitamos con alegría a conocer más sobre nuestra comunidad y nuestra historia.
La Iglesia Apostólica de la Nueva Restauración® confiesa la fe cristiana en el único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador de todas las cosas, Redentor de la humanidad y fuente de toda vida y santidad.
Creemos que Dios, por su gracia y amor, nos llama a la reconciliación consigomismo y con nuestros hermanos y hermanas, y que esta reconciliación encuentra su plenitud en Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.
Como Iglesia de tradición cristiana y reformada, procuramos vivir nuestra fe en fidelidad a las Sagradas Escrituras, en continuidad con la tradición apostólica y la herencia de la Reforma, confesando las Cinco Solas como pilares doctrinales, y mediante una vida de oración, culto, sacramentos, servicio y comunión.
Creemos en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador, cuya vida, muerte y resurrección manifiestan el amor de Dios y constituyen el centro de nuestra fe.
Creemos que Jesucristo nos llama a seguirle, a amar a Dios y al prójimo, a vivir en santidad y a anunciar al mundo el Evangelio de la salvación.
Creemos que las Sagradas Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento son Palabra de Dios y contienen todo lo necesario para la salvación.
Las recibimos como fundamento de nuestra fe y de nuestra enseñanza, leyéndolas en el contexto de la fe recibida de la Iglesia y procurando comprenderlas mediante la tradición cristiana y el uso responsable de la razón.
Nuestra adoración está profundamente arraigada en las Sagradas Escrituras. La Palabra de Dios es proclamada, escuchada, orada, cantada y meditada en nuestra vida litúrgica.
Creemos que la lectura y el estudio de la Biblia no son solamente ejercicios intelectuales, sino medios por los cuales Dios forma, transforma y fortalece a su pueblo.
La liturgia y la oración común ocupan un lugar fundamental en nuestra identidad reformada.
En ellas encontramos una expresión histórica de la fe de la Iglesia, de su vida de oración, de su culto y de su vida sacramental. El principio de oración común expresa una de las características esenciales de nuestra tradición: personas diversas pueden reunirse en una misma fe y participar de un mismo culto, encontrando su unidad en Cristo.
Por ello, nuestra Iglesia ordena su vida litúrgica y sacramental conforme a la herencia de la Reforma y a la liturgia legítimamente adoptada por nuestra Iglesia.
Creemos que el Santo Bautismo es uno de los grandes sacramentos instituidos por nuestro Señor Jesucristo, por medio del cual somos incorporados a Cristo y recibidos en su Iglesia.
Reconocemos y administramos el Bautismo tanto a niños como a adultos, entendiendo que existe un solo Bautismo y que la gracia de Dios no está limitada por la edad de quien lo recibe.
En el Bautismo de los niños, padres y padrinos asumen el compromiso de acompañarlos en el conocimiento y crecimiento de la fe cristiana, hasta que puedan profesarla y asumir personalmente sus promesas bautismales.
En el Bautismo de quienes pueden profesar personalmente su fe, la Iglesia procura que exista la debida preparación, instrucción y confesión de fe.
En todos los casos, el Bautismo nos llama a morir al pecado y a vivir una vida nueva en Cristo.
Creemos que los Credos de los Apóstoles y de Nicea expresan las verdades fundamentales de la fe cristiana y nos unen con la Iglesia de todos los tiempos.
Con ellos confesamos nuestra fe en el único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; en Jesucristo nuestro Señor; en su encarnación, muerte y resurrección; en el Espíritu Santo; en la Iglesia; en el perdón de los pecados; en la resurrección de los muertos y en la vida eterna.
Creemos que los sacramentos son signos externos y visibles de una gracia interna y espiritual, instituidos por Cristo y administrados por la Iglesia.
Reconocemos particularmente el Santo Bautismo y la Cena del Señor como los dos grandes sacramentos del Evangelio. Asimismo, conforme a la tradición y a la enseñanza de nuestra Iglesia, reconocemos otros servicios pastorales como la Confirmación, la Confesión o Reconciliación, el Matrimonio, la Ordenación de Ministros y la Unción de los enfermos.
Por medio de ellos, la Iglesia acompaña al pueblo de Dios en las distintas etapas y circunstancias de la vida cristiana.
En cuanto a la Ordenación de Ministros, nuestra Iglesia sostiene que el ministerio ordenado corresponde a varones bautizados, llamados, discernidos, formados y legítimamente ordenados conforme a la doctrina y disciplina de esta Iglesia.
Esta doctrina sobre el ministerio ordenado no disminuye en modo alguno la dignidad, santidad ni igualdad espiritual de hombres y mujeres ante Dios, sino que expresa nuestra comprensión particular del orden sacramental y ministerial de la Iglesia.
Creemos que Dios nos llama a participar de su vida eterna y que, por medio de Jesucristo, tenemos la esperanza de la resurrección y de la vida eterna.
Esta esperanza no se fundamenta en nuestros propios méritos, sino en la gracia y misericordia de Dios manifestadas en Jesucristo.
Por ello procuramos perseverar en la fe, crecer en santidad, amar al prójimo, practicar la justicia y vivir conforme al Evangelio, confiando en la promesa de nuestro Señor:
Con estas bases de fe, deseamos que toda persona que se acerque a nuestra Iglesia pueda encontrar una comunidad cristiana en la que experimentar fe, esperanza, restauración, oración, comunión y servicio.
Somos una Iglesia que busca anunciar el Evangelio de Jesucristo, celebrar la presencia de Dios en el culto y los sacramentos, estudiar las Sagradas Escrituras y acompañar a las personas en su camino de fe.
Si estás buscando una comunidad cristiana en la que puedas adorar a Dios, conocer más profundamente a Jesucristo, crecer en la fe y servir a los demás, te damos la bienvenida.
Te invitamos a detenerte por un momento y, estés donde estés, a elevar con nosotros esta oración:
Amado Dios y Padre nuestro,
te damos gracias por el don de las Sagradas Escrituras, por la fe que hemos recibido de tu Iglesia y por la gracia que nos has concedido en Jesucristo nuestro Señor.
Abre nuestros corazones para escuchar tu Palabra, comprenderla, vivirla y compartirla con los demás.
Haznos crecer en la fe, la esperanza y el amor; fortalece nuestra comunión como hermanos y hermanas en Cristo, y ayúdanos a ser instrumentos de tu paz, tu misericordia y tu justicia en el mundo.
Recibe a quienes buscan conocerte y guíalos en su camino hacia ti. Haz de nuestra Iglesia una comunidad fiel al Evangelio, acogedora con quienes buscan, misericordiosa con quienes sufren y comprometida con el servicio.
Todo esto te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.